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Enfermos Mentales: Fragmento Discriminado Y Poco Valorado En San Cristóbal, Y Otros Lugares De RD.

Enfermos Mentales: Fragmento Discriminado Y Poco Valorado En San Cristóbal, Y Otros Lugares De RD.

Desamparado, con la mirada perdida e incapaz de sostener una conversación coherente, se encuentra un señor que se hace llamar Romer Vargas, quien, con aparentes trastornos mentales, permanece gran parte de su tiempo cerca de un basurero y con un cartón que usa como mueble de día y almohada de noche en una de las frías aceras de las calles de la avenida Constitución de esta ciudad de San Cristóbal.

En condiciones similares, está José Nicolás Manzueta. Un señor con unos 53 años de edad, cuya vestimenta de pantalón negro, camiseta azul y gorra marrón no solo reflejan descuido y pobreza sino también olvido y desesperanza. Al igual que ellos decenas de personas con algún trastorno mental deambulan, sin rumbo fijo y comiendo de lo que aparezca, por las vías de República Dominicana.

Algunos de los factores que actúan como determinantes de la salud mental de estas personas son variados, entre ellos, la pobreza, la marginalidad, las inequidades sociales, el estigma, las violaciones de los derechos humanos y las barreras de acceso a la atención oportuna.

Las cifras de las Américas son tajantes. Una de cada cuatro personas en esta región sufre algún trastorno mental, condición psiquiátrica que impide su participación laboral, intelectual y de relaciones para lograr un bienestar físico, mental y social y, por ende, una calidad de vida. Representa el 14% de la carga total de enfermedad en América Latina y el Caribe.

En República Dominicana la disponibilidad de datos es escasa. No obstante, un informe de Salud Pública (MSP) del 2014 indica que cerca de un 20% de la población sufre de trastornos mentales. Estos abarcan una amplia gama de afecciones de la salud mental.

El análisis de situación de salud destaca que los recursos financieros destinados a este tema son insuficientes para satisfacer la necesidad de prevención y atención a las personas afectadas. Eso, sumado a la crisis sanitaria del covid-19, que de acuerdo al psiquiatra César Mella Mejía, exdirector del desaparecido Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS), ha originado tres grandes desórdenes en el comportamiento: insomnio, depresión y ansiedad.

“La salud en general y la salud mental en particular, sobre todo para los seres humanos de menos recursos, está en su peor momento, agravada por una pandemia que no da señales de disminuir”, advierte.

En 2014 cerca de un 20% de la población dominicana sufría de trastornos mentales. | Lésther Álvarez

Una de las zonas más frecuentadas por estas personas es la Ciudad Colonial. Mella explica que esta zona es preferida por enfermos mentales por tres características: primero, encuentran en donde guarecerse; segundo, consiguen desechos alimentarios para su forma de vida sedentaria; y tercero, los que transitan esa zona son turistas o personas que tienen muchos años residiendo por ahí y no son agresores ni estigmatizan la salud mental.

Costo del tratamiento

Conforme al informe Plan Nacional de Salud Mental República Dominicana 2019-2022 del MSP, el país es parte del 57% de las naciones de la región con acceso gratuito a los psicotrópicos esenciales.

El costo diario de la dosis media de un medicamento, genérico disponible en el mercado, representa el 12% del salario mínimo nacional, equivalente a cerca de RD$19.00 o lo que es igual RD$570 en un mes. Mientras que la inversión en salud mental en 2013 fue de un 0,73% del gasto público en salud, perteneciendo al 7.5% de las naciones con un presupuesto en salud mental inferior al 1% de la región. Esto evidencia la debilidad del sistema.

Para el psiquiatra Mella, el Estado dominicano debe aumentar el presupuesto a la atención de salud mental. “Debe ser duplicado o triplicado”. Recuerda que solo el costo del tratamiento para pacientes con trastornos mentales supone un gasto “muy elevado”, debido a que, generalmente, son de por vida y están hechos con moléculas especializadas muy difíciles de replicar.

“Un paciente diabético, un paciente hipertenso y un paciente esquizofrénico gastan al mes, generalmente, lo mismo en fármacos. Lo malo es que mientras un diabético o hipertenso puede trabajar y producir para su fármaco, habitualmente el paciente mental crónico depende de la familia”. Es decir, que estos pacientes no solo dependen de que la familia le compre sus medicamentos, sino que le garanticen una toma adecuada: dosis y horario, para mantener el control de la enfermedad.

Otro aspecto es incrementar la cantidad de psicólogos y psiquiatras en todo el país, que de acuerdo al Servicio Nacional de Salud (SNS), a abril de 2018 el país contaba con 150 psiquiatras nombrados en el sector público.

El 80% de estos, distribuidos en cuatro provincias del país, el 65% en Santo Domingo, seguido del 7% en Santiago, 5% San Cristóbal y, por último, el 4% en Duarte. El 20% restante está distribuido en el resto del país. Asimismo, contaba con 467 psicólogos nombrados en el sistema nacional de salud pública.

“Hay que reforzar las clínicas de atención primaria con por lo menos un psicólogo o psiquiatra. ‘Sembrar’ el país de personal sanitario de salud mental”, recalcó Mella, al alertar que las afecciones mentales podrían aumentar por el despido masivo de empleados, las dificultades de la educación a distancia y la toma indiscriminada de sedantes o calmantes para mejorar el sueño o favorecer la desaparición de la ansiedad.

El Plan de Salud Mental destaca que los trastornos debidos al uso de alcohol y otras sustancias psicoactivas son un problema creciente en términos epidemiológicos y con gran impacto social; sin embargo, la brecha de tratamiento es muy alta, y no se dispone de los servicios adecuados para afrontar esta situación.

Una mirada psicosocial

En el pasado la atención de salud mental del país se realizó bajo el modelo institucional-manicomial centrado en el Hospital Psiquiátrico Padre Billini, fundado en 1959. Hoy día, ese lugar ubicado en el kilómetro 28 de la autopista Duarte, fue transformado a un Centro de Rehabilitación Psicosocial Padre Billini.

Este moderno centro, conocido como “El 28” es el único hospital especializado en salud mental con que cuenta República Dominicana. Entre los casos más comunes que atienden son por esquizofrenia, trastorno de ánimo, depresión mayor, bipolaridad y trastorno de estados de ánimo inducidos por sustancias controladas.

Para el 2018 contaba con unos 94 “usuarios”, en donde apoyan a las personas con enfermedad mental grave a recuperar el máximo grado de autonomía personal y social, para promover su integración a la comunidad y sus familias.

Posteriormente, de manera progresiva, los servicios psiquiátricos se expandieron con la creación de consultas externas y unidades comunitarias de salud mental, así como hospitalizaciones de corta estadía en algunos hospitales generales. Sin embargo, aún estos centros no dan abasto.

“No son suficientes porque estos pacientes crónicos con una enfermedad esquizofrenia, por ejemplo, evolucionan en 20 y 30 años de abandono familiar y tienen que quedarse ahí. O sea, residir en estos centros, además de que anualmente se van agregando nuevos casos”, explicó el especialista.

En ese sentido, el psiquiatra sugiere al Gobierno del presidente Luis Abinader tomar como referencia el Centro de Rehabilitación Psicosocial Padre Billini y el Centro de Rehabilitación Psicosocial y Desarrollo Humano (Reside), en La Nueva Barquita, para hacer proyectos similares en las regiones Sur, Este y Cibao.

“Para descongestionar el Distrito Nacional y el centro Padre Billini de la carga que tiene con los pacientes de curso crónico de todo el país. Eso debería estar en plan de los próximos años en el Ministerio de Salud”, expresó.Entiende urgente hacer un rediseño no solo para rescatarlos de las calles sino para ubicar a sus familiares para que tomen responsabilidad. “O por el contrario, tenerle un auspicio que le garantice la higiene, la comida y la medicación para cumplir con esa cuota social ante el desvalido mental”, puntualizó Mella.

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