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La evolución de la vida más primitiva fue más complicada de lo que se sospechaba

La evolución de la vida más primitiva fue más complicada de lo que se sospechaba

Los biólogos han esperado durante mucho tiempo poder entender la naturaleza de los primeros organismos vivos en la Tierra. Si pudieran, podrían decir algo sobre cómo, cuándo y dónde surgió la vida en la Tierra, y quizás por extensión, si la vida es común en el Universo.

Estudios previos han sugerido que esta información puede ser obtenida comparando los genes presentes en los organismos modernos. Las nuevas investigaciones indican que solo se puede obtener información limitada usando este enfoque.

Los biólogos clasifican todos los organismos vivos en tres grandes grupos que llaman «dominios». Dos de estos dominios – las Bacterias y las Arqueobacterias – consisten en organismos unicelulares, mientras que el tercero – las Eucariotas – incluye la mayoría de los organismos multicelulares más grandes con los que todos estamos familiarizados: hongos, plantas y animales, incluyéndonos a nosotros mismos. De los tres dominios, el de las Eucariotas es casi seguro que es el que ha evolucionado más recientemente, pero aún quedan preguntas sobre cuál de los dos dominios unicelulares surgió primero en la historia de la vida.

Hace más de cuarenta años, los biólogos americanos Carl Woese y George Fox sugirieron que estos dos dominios emergieron de un organismo más primitivo o de un grupo de organismos que los científicos llaman ahora LUCA, o el Último Ancestro Común Universal. A los científicos les encantaría poder decir algo concreto sobre cómo era LUCA, en qué tipo de ambiente vivía y cómo lograba vivir.

Una nueva investigación de la Universidad Tecnológica de Tokio y del Instituto Max Planck sugiere que entender la vida temprana puede ser más difícil de lo que se pensaba.

La investigación, publicada en la revista Molecular Biology and Evolution, fue llevada a cabo por Sarah Berkemer, del Instituto Max Planck para las Matemáticas en las Ciencias en Leipzig, Alemania, y Shawn McGlynn del Instituto de Ciencias de la Tierra y de la Vida del Instituto de Tecnología de Tokio en Japón. Sus análisis confirman otros trabajos que sugieren que de la comparación del ADN solo puede derivarse una comprensión limitada del estilo de vida de las células más antiguas. Aunque este es un resultado decepcionante para los biólogos evolucionistas, es importante comprender lo que puede y no puede saberse a partir de los datos que los científicos son capaces de reunir de los organismos modernos. Sin embargo, el trabajo de Berkemer y McGlynn proporciona un resquicio de esperanza; si bien es evidente que no sabemos qué metabolizaron los primeros organismos o dónde vivieron, su trabajo proporciona una visión de la rapidez con que pueden haber evolucionado hace miles de millones de años.

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