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La fascinante y delicada labor de conservar el arte

La fascinante y delicada labor de conservar el arte

¿Dónde guardan los museos las obras de arte de su colección que solo muestran al público en exposiciones permanentes o temporales? ¿Cómo hacen para evitar que el moho, la humedad o el polvo aceleren su deterioro natural?

¿Se guardan de la misma forma una pintura, un mapa, una escultura y  una pieza arqueológica? ¿Por qué es recomendable congelar los negativos, diapositivas, rollos y otros materiales fotográficos?

Detrás de estas inquietudes, del disfrute que provoca la contemplación de una pieza o el recorrido silente alrededor de una sala repleta de arte, hay un delicado trabajo de cuidado y  conservación –casi siempre oculto para el público- que hacen del museo un lugar enigmático y fascinante más allá de su función como reservorio de los bienes culturales de una ciudad o de un país. 

Ricardo González, encargado técnico de Conservación del Centro León, explica a Listín Diario cómo es el proceso de conservación preventiva en un país caribeño y qué medidas de control y mantenimiento adoptan en el museo más importante de Santiago y uno de los más dinámicos de América Latina. 

Como se trata de un proceso de cuidado y monitoreo sistemático, comenta que el trabajo no ha parado ni siquiera bajo los efectos de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus.

¿Cuáles son las principales amenazas que acechan las colecciones de los museos?

Constantemente las colecciones están expuestas a agentes externos e internos que atentan con las existencias de éstas, empezando por el lugar geográfico donde se encuentran. Por ejemplo, las amenazas que enfrentan las colecciones en museos europeos no son las mismas que enfrentarían el Centro León o cualquier museo del Caribe.
Sin embargo, existen factores comunes que influyen en el aceleramiento del deterioro natural que sufren los bienes culturales y objetos en general, como son: temperatura, humedad relativa, incidencia de la cantidad de luz y rayos ultravioletas, las plagas de insectos o animales parásitos, como ratones y palomas, las catástrofes naturales como terremotos, inundaciones, incendios, etcétera.

¿Qué protocolo se sigue para protegerlas? Generalmente es la parte menos conocida de la labor que realizan estas instituciones culturales.

Para crear un protocolo o un plan de conservación preventiva en un museo ubicado en una zona de temperaturas y humedad elevadas como en el Caribe, uno de los puntos esenciales es tener un control sistemático y continuo de la temperatura y humedad relativa, que es uno de los factores de riesgo más importante que sufren las colecciones y que, dependiendo del material de éstas, influyen en su deterioro. 
Lo más importante en este sentido es que, luego de conseguir los valores adecuados, evitar los cambios bruscos de temperatura y humedad relativa. 
Otro de los puntos a cuidar es la propagación de plagas e insectos parásitos, que muchas veces vienen en consecuencia del descuido de los valores anteriormente mencionados y otras veces por la ubicación del lugar de almacenamiento, entre otras cosas.
Por eso es importante ubicar el depósito de bienes culturales lejos de lugares verdes o poblados, además de tener el control sistemático de la higiene y limpieza de esta área. También el control de la exposición a la luz, que solo se enciende a la hora de ingresar el personal y cuya fuente no produzcan mucho calor, como son las luces led.
Por eso, parte de nuestro programa de conservación consiste en un control de limpieza y mantenimiento semanal, tanto de las obras expuestas como de las obras almacenadas. Así como también del control sistemático de la temperatura y la humedad relativa que se toma manualmente y se comparan con los datos computarizados que el sistema nos da.
Este control se ha mantenido durante la pandemia para asegurar la integridad de las colecciones que custodiamos.

¿Nos habla de las diferencias entre conservación y mantenimiento de obras de arte, piezas arqueológicas y etnográficas? ¿Cuáles procedimientos aplican en cada caso?

La conservación preventiva lo que busca es minimizar el proceso natural de deterioro de los bienes culturales para alargar su vida útil de manera íntegra, esto es sin tener que recurrir a la intervención para la restauración de las mismas. Esto se realiza, entre otras cosas, con la eliminación de los riesgos de daños. Y para esto, lo primero es identificar el tipo de objeto, material del que está hecho, procedencia, entre otros detalles, para entonces definir la temperatura y humedad relativa, cantidad de lux que pueden recibir en caso de que se expongan y modo de embalaje o empaque en caso de que se vaya a almacenar. 
Cuando hablamos de lux, se trata de la unidad de intensidad de iluminación del sistema internacional, que mide el flujo luminoso que incide en una superficie determinada y que puede influir en la composición de ésta dependiendo el material que la conforma y el tiempo de exposición a la que esté sometida.
Por ejemplo, en el caso de almacenamiento, las piezas arqueológicas como las vasijas de barro o de cerámica se guardan en estantes de metal inoxidables a prueba de incendio, a la exposición a la luz y se apoyan en espumas de amortiguación para el caso de temblores o terremotos.
En el caso de mapas, dibujos o acuarelas, se guardan en planeras de metal inoxidable y sellado, para evitar el acceso a la luz, ya que la luz solar y los rayos ultravioletas son muy nocivos para los mismos. 
Las pinturas se almacenan en parrillas de acero inoxidable, controlando la incidencia de la luz sobre la superficie.
Las esculturas se colocan sobre plataformas para aislarlas del suelo y se cubren con plásticos no nocivos para la obra.
Todos estos bienes culturales, ya estén almacenados o expuestos, están sometidos a una temperatura y humedad relativa controlada, así como también a un riguroso mantenimiento de limpieza y protección continuo.
En el caso de los negativos, diapositivas, rollos y demás materiales fotográficos, que son los más delicados y propensos al deterioro, su conservación requiere tomar en cuenta distintos valores y cuidados. Es decir la temperatura y la humedad relativa para su conservación deben ser más bajas que la del resto de las piezas de arte, siendo lo ideal su congelamiento total.
En el caso de materiales diversos de piezas etnográficas como maracas, escobas, sillas, etcétera, se emplean los mismos criterios de materiales, pigmentos de colores que tengan y se exponen o almacenan tomando en cuenta el tiempo de exposición a la luz y se almacenan cuidadosamente en estantes, con plásticos no nocivos de protección.


DE INTERÉS

Cuidado permanente. Para González, lo más importante es el cuidado y el monitoreo sistemático de los factores de riesgos mediante un seguimiento constante y eficaz.
“También es importante señalar que para la realización del mantenimiento y en todo caso en que se necesite manipular las obras de arte, es necesario llevar la correcta indumentaria (guantes, batas, entre otros elementos) para la debida protección de las mismas”.

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