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Nuevas poblaciones de agujeros negros reveladas por las ondas gravitacionales

Nuevas poblaciones de agujeros negros reveladas por las ondas gravitacionales

Los detectores de ondas gravitacionales LIGO y Virgo acaban de conseguir su mayor descubrimiento hasta ahora, un agujero negro con una masa 142 veces mayor que la del Sol, resultado de la fusión de dos agujeros negros de 85 y 65 masas solares.

El agujero negro remanente es el más masivo jamás observado mediante ondas gravitacionales, y podría darnos algunas pistas sobre la formación de los agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de algunas galaxias. La masa de uno de los agujeros negros en fusión, 85 masas solares, proporciona información que podría mejorar nuestra comprensión de las etapas finales de la evolución de las estrellas masivas. El descubrimiento, al que contribuyeron varios equipos del CNRS en el marco de la colaboración Virgo, se publicó en las revistas Physical Review Letters y Astrophysical Journal Letters.

A primera vista, no hay nada particularmente nuevo en la detección del nacimiento de un agujero negro causado por la fusión de otros dos, acompañada de la emisión de una enorme cantidad de energía: después de todo, se ha observado una sucesión de eventos similares desde 2015, cuando se observaron por primera vez las ondas gravitatorias producidas por tales fenómenos. Sin embargo, GW190521, la señal registrada el 21 de mayo de 2019 por los instrumentos LIGO y Virgo, destaca entre el resto, ya que la señal no solo es la más distante, y por lo tanto la más antigua, jamás detectada a través de estos medios (la onda gravitatoria tardó siete mil millones de años en llegar a nosotros), sino que además el agujero negro resultante de la fusión es también el más masivo observado hasta ahora de esta forma. Sobre todo, la observación es la primera evidencia directa de la existencia de agujeros negros de «masa intermedia«, que pesan entre 100 y 100.000 masas solares. Estos agujeros negros de masa intermedia son más pesados que los que resultan del colapso de estrellas de gran masa, pero mucho más ligeros que los agujeros negros supermasivos que se encuentran en el centro de algunas galaxias. Hasta ahora, solo las pruebas indirectas obtenidas de observaciones electromagnéticas insinuaban su existencia.

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